domingo, 22 de diciembre de 2013

No es lo mismo un taller de inteligencia emocional que un proceso de coaching


Me he decidido a compartir con vosotros una serie de reflexiones con la finalidad de aclarar la relación y la diferencia entre dos conceptos que en la actualidad me parece que están comenzando a confundirse y creo que no debería ser así, son: el taller de inteligencia emocional  y  el proceso de coaching.


Taller de inteligencia emocional
La inteligencia emocional, también designada como inteligencia personal por Howard Gardner en su Teoría de las inteligencias múltiples, puede ser definida cómo la capacidad para identificar la gama de emociones y sentimientos que operan en nuestro interior y en el interior de las personas con las que interactuamos, para discriminar entre cada una de ellas y así poder  utilizar todo esto como base para comprender y guiar nuestros comportamientos.

Así pues, podemos ver claramente que el desarrollo de la inteligencia emocional es un proceso que debería tener lugar de forma natural y en paralelo al desarrollo físico y mental de las personas. Desde pequeño, la persona va poco a poco aprendiendo a identificar, discriminar y controlar sus propios  sentimientos y emociones y también va afinando su capacidad para identificar éstas en las personas con las que interactúa. Este aprendizaje está muy influenciado por las discriminaciones e interpretaciones preponderantes en cada momento por la sociedad, por lo que tiene un alto componente cultural.

Muchos estudios han señalado una relación muy importante entre el desarrollo de este tipo de inteligencia y el éxito en el ámbito educativo, en el personal y en el profesional. De tal forma que aquellas personas que no desarrollen un grado suficiente de conocimiento y control de sus sentimientos y emociones, y que no sean capaces de discriminar los sentimientos y emociones de los demás, no serán capaces de interactuar de forma apropiada con ellos y así dificultarán en gran medida la consecución de los objetivos educativos, personales o profesionales que desean alcanzar.

En la actualidad, debido al tipo de sociedad en la que vivimos en el mundo occidental, este tipo de aprendizaje se ve dificultado en gran medida. Por una parte, estamos sumidos en un ritmo de vida frenético, que hace que pasemos todo el día ocupados en actividades y no tengamos el tiempo necesario para dedicarlo a la reflexión que es necesaria para  el desarrollo de este conocimiento interior, y por otro lado, estamos viviendo una época de individualización creciente, en la que pasamos cada vez más tiempo en entornos digitales y así, la forma de relacionarse está cambiando muy rápidamente. Todo esto se traduce en que, en muchos casos, ese aprendizaje natural no se desarrolla de forma suficiente.

La dificultad de desarrollo de la inteligencia emocional, sumada a la creciente competitividad de la sociedad actual y al conocimiento de la relación existente entre inteligencia emocional y éxito, han dado lugar a una creciente oferta de cursos, seminarios, libros y talleres enfocados a la enseñanza de la inteligencia emocional en todos los ámbitos (educativo, personal y profesional). En ellos, uno o varios expertos instruyen en la habilidad para identificar, discriminar y controlar en sí mismos emociones y sentimientos, en la lectura de las señales de éstos en otras personas y en la forma de actuar más adecuada en función de lo identificado anteriormente. Se trata pues de aplicar el principio de que lo que funciona bien  para la mayoría va funcionar bien para cualquier persona.

Pero este principio está basado en premisas erróneas, ya que trata como si fueran la misma cosa a la población total y al individuo, cuando en realidad son dos cosas completamente distintas. Para que este principio se cumpliese, todos las personas deberíamos ser exactamente iguales, deberíamos haber tenido un desarrollo exactamente igual, deberíamos haber pasado por las mismas vivencias, deberíamos tener el mismo entorno familiar, el mismo entorno escolar, deberíamos estar pasando por idénticas circunstancias, etc, etc, etc ..… 

Sólo en ese caso utópico podríamos afirmar que, actuando de igual forma, todos obtendríamos el mismo resultado. Es obvio que esto no sucede y por tanto este principio no funciona. El problema es que este principio está basado en una predicción estadística y cuando una predicción estadística la aplicamos a un individuo en particular deja de ser válida. Sería como afirmar que ya que a la mayoría de las personas les gusta el chocolate pues, a este señor que tengo delante, le tiene necesariamente que gustar. En este supuesto, es evidente que si se realiza el experimento en repetidas ocasiones, habrá un buen número de ellas en las que se acertará y en otro número de ocasiones (seguramente menor) se fallará. 

En ese caso particular cometer un error puede que no tenga mucha importancia pero… ¿si el error se produce cuando estamos tratando con la gestión de los sentimientos y emociones en personas?, ¿qué sucederá con esa persona que, aplicando las habilidades que le han enseñado, no obtiene los resultados esperados? Es muy probable que al no obtener resultados satisfactorios, lo intente una y otra vez con mayor empeño y, al no obtener éxito, termine por pensar que la culpa es suya (ya que a otros si les funciona), que él no podrá lograrlo nunca, y esto termine afectando a su autoestima y a la confianza en sus capacidades. Por tanto, en aquellos casos en los que el principio no se cumple, el resultado obtenido es posiblemente peor que la situación inicial.

A consecuencia del auge que a día de hoy tiene el coaching en todo el planeta (y aprovechando por tanto el tirón que tiene esta palabra) se está denominando a este tipo de talleres en muchas ocasiones como “coaching” cuando realmente no lo es. A este tipo de ayuda para el desarrollo de la inteligencia emocional que está basada en la transmisión de conocimientos y experiencias entre un profesional y un aprendiz se le puede denominar “formación”, “mentoring” e incluso “consultoría”, pero en ningún caso coaching, ya que, si algo diferencia al coaching de todos los demás procesos de ayuda es que en éste no existe trasmisión de conocimientos y experiencias por parte del coach hacia el cliente, como veremos a continuación.

Proceso de coaching 
El coaching busca liberar el potencial que toda persona posee para mejorar de forma sustancial su desempeño con respecto a un objetivo que se quiere conseguir. 

Muchas veces, ese potencial no se manifiesta en su totalidad debido a toda una serie de interferencias internas que lo limitan. El coaching ayuda a eliminar esas interferencias para que la persona consiga el objetivo que persigue sin que durante el proceso el coach le diga a ésta  lo que tiene que hacer para lograrlo, sino que la solución la encontrará por si mismo.

Durante un proceso de coaching podemos decir, por tanto, que el cliente aprende pero sin que el coach le enseñe. Es, por tanto, un proceso eminentemente creativo en el que la persona encuentra sus propias soluciones gracias a haber reflexionado sobre su situación. Esta reflexión nada tiene que ver con cualquier tipo de catarsis (contrariamente a la creencia popular), sino que se trata de una reflexión con un foco que está claramente centrado en el aumento de conciencia del cliente con respecto a su objetivo. 

Además, al ser el propio cliente el que encuentra las soluciones, experimenta una motivación para aplicarlas mucho mayor que si éstas hubieran venido de su coach. También aumenta la confianza en que va a lograr conseguir su objetivo y, por tanto, se responsabiliza mucho más en la aplicación de las soluciones encontradas durante el proceso. Esto explica la gran efectividad que tienen los procesos de coaching.

Podemos ver también como en un proceso de coaching, el cliente consigue más que el objetivo marcado. Consigue valiosos aprendizajes que están relacionados con las interferencias que tenía antes de comenzar el proceso y que ha ido identificando durante el mismo. En muchas ocasiones, estas interferencias tienen que ver con la gestión de emociones y sentimientos tanto propios como ajenos, es decir, con el desarrollo de la inteligencia emocional. 

En otras ocasiones, las interferencias son de otra naturaleza. Estos aprendizajes radican en que, en un proceso coaching es el propio cliente quien identifica estas interferencias (gracias a su reflexión centrada en el objetivo), crea sus propias soluciones y las aplica. Así, estas soluciones están ajustadas a su situación y a su forma de ser, es decir, a su “individualidad”.

Además, gracias a todo este proceso, el cliente está “aprendiendo a aprender”, aprendiendo que es capaz de encontrar sus propias soluciones y, es muy probable, que ante los próximos desafíos que se encuentre, sea capaz por sí mismo de plantear soluciones y aplicarlas.

Conclusión
Como conclusión resumo algunas de las principales diferencias entre un taller de inteligencia emocional  y un proceso de coaching:
  • Un taller de inteligencia emocional es una intervención puntual, con una duración normalmente corta, en la que el experto instruye al cliente, por lo que la comunicación fluye principalmente en una dirección (del experto hacia el cliente) y la puesta en práctica de lo aprendido se realiza a posteriori de la intervención. El coaching es un proceso, con sesiones periódicas, en las que el coach no instruye pero el cliente aprende. Durante las sesiones, la comunicación es bidireccional aunque el flujo es más intenso en dirección del cliente hacia el coach ya que aquél es el auténtico protagonista y durante el propio proceso de coaching (en los periodos de tiempo entre sesiones) el cliente pone en práctica lo aprendido.
  • La finalidad del proceso de coaching es la consecución de un objetivo acordado entre el cliente y el coach. Este objetivo puede estar relacionado o no con la gestión de las emociones mientras que un taller de inteligencia emocional tiene siempre la finalidad de instruir en la habilidad para identificar, discriminar y controlar emociones y sentimientos.
  • En un taller de inteligencia emocional existe una trasferencia de conocimientos y experiencias desde el profesional hacia el cliente. En un proceso de coaching no existe trasferencia de conocimiento ni de experiencias del coach hacia el cliente, sino que la materia prima del proceso es el propio conocimiento y experiencia de éste sobre su objetivo y su situación respecto al mismo.
  • El coaching es un proceso que fomenta la creatividad ya que es el propio cliente quien diseña sus propias soluciones de cara a alcanzar el objetivo acordado. Por su parte, la enseñanza de la inteligencia emocional no fomenta la creatividad ya que el cliente aplica las soluciones que le trasmite el experto y que se han mostrado válidas para un alto porcentaje de la población (lo que no garantiza que sean válidas para una persona en particular).
  • Tras un taller de inteligencia emocional, la no consecución de los resultados esperados por parte de un cliente puede suponer para éste una situación peor que la inicial (como vimos anteriormente). Tras un proceso de coaching, aunque el cliente no alcance el objetivo acordado, su situación al final del proceso será siempre mejor que al inicio ya que habrá aumentado su creatividad y habrá realizado valiosos aprendizajes sobre las interferencias y potencialidades que tiene con respecto a éste. 
  • Durante un proceso de coaching, el cliente, además de su objetivo, aprende a encontrar por sí mismo soluciones para sus objetivos, es decir “aprende a aprender”. Esto no sucede en un taller de inteligencia emocional, ya que en este caso las soluciones no las encuentra por él mismo sino que se las trasmite una tercera persona.